El uso del software libre en la práctica profesional del diseño.
PROFESIONAL (según el diccionario)
1. adj. Perteneciente o relativo a la profesión.
2. adj. Dicho de una persona: Que ejerce una profesión.
3. adj. Dicho de una persona: Que practica habitualmente una actividad, incluso delictiva, de la cual vive. Es un relojero profesional. Es un profesional del sablazo.
4. adj. Hecho por profesionales y no por aficionados. Fútbol profesional.
5. com. Persona que ejerce su profesión con relevante capacidad y aplicación.
PROFESIÓN:
Empleo, facultad u oficio que alguien ejerce y por el que percibe una retribución.
Entonces ¿de qué deberíamos estar hablando?¿de herramientas profesionales o de diseñadores profesionales?
Las empresas creadoras de software habitualmente usan la palabra “profesional” para referirse a herramientas de alto grado más que a herramientas que sirven para llevar a cabo una profesión.
El término “profesional” es tomado por el marketing para indicar productos de un grado elevado de calidad y complejidad que, según las campañas publicitarias, son los elegidos por las agencias y estudios más cotizadas del mundo.
Lo que se le vende al diseñador con ese rótulo es la idea de que estará en la misma liga que los grandes usando ese software, pero no todo es lo que se dice en las publicidades.
Por lo general el software destinado al público en general no es tan especializado: Se empiezan a simplificar las funciones, a crear asistentes que facilitan a un usuario inexperto el uso del programa y se aplican mejoras cosméticas y funciones triviales que muchas veces terminan perjudicando al usuario realmente profesional que sabe lo que
quiere hacer. Por otro lado, las funciones realmente avanzadas que se incorporan suelen requerir una serie de servicios complementarios que no siempre están disponibles para un diseñador independiente o un estudio chico.
Además este rótulo de “profesional” es engañoso. Supone que todos los profesionales trabajan de la misma forma y que un programa enlatado con opciones iguales para todos se ajusta a todos y cada uno de los profesionales del mundo. Y no es lo mismo un diseñador del estudio de diseño más importante de New York que un diseñador que
trabaja en un pueblo de la provincia de Santa Fe. Los trabajos son diferentes, las posibilidades son diferentes, y ambos pueden ser buenos profesionales y entregar excelente calidad, pero para clientes totalmente diferentes y con recursos totalmente distintos.
Trabajar en diseño en un mercado como el local implica adaptarse a una serie de limitaciones, tanto técnicas como presupuestarias, que exigen un verdadero conocimiento del oficio para lograr un resultado de calidad.
Según la visión de las empresas de software de diseño, todo diseñador que no compre sus productos para trabajar (ya sea porque no puede/quiere o sencillamente porque no le resulta rentable), no es profesional. No importa qué tan bueno sea ni qué formación haya tenido.
Gracias a esta concepción creada por los fabricantes de software, es común que al mencionar el uso de software libre para diseño, aparezca un diseñador diciendo algo como “yo lo probé y no está listo para el trabajo profesional”. El punto de referencia es el software comercial que la “industria” postula como el que único preparado para el trabajo profesional, así que todo programa que no haga lo mismo o intente copiarlo queda excluido.
CASO DE ESTUDIO: PHOTOSHOP vs. GIMP
Uno de los ejemplos más recurrentes es el de Photoshop versus GIMP.
La idea de que GIMP no está a la altura del trabajo profesional surge generalmente de lo siguiente:
− tiene una interfase de ventanas flotantes que suele poner bastante nerviosos a los que vienen de usar Photoshop en Windows.
− no tiene capas de ajuste ni grupos de capas.
− no trabaja en CMYK.
− trabaja sólo en 8 bits por canal.
− No incluye paletas Pantone
Antes de continuar debo aclarar que la mayoría de esas limitaciones al igual que otras menos importantes están siendo corregidas. La versión 2.8 de GIMP que está próxima a salir ya contará con grupos de capas, una opción para utilizar una interfase en una ventana única, y se seguirá trabajando en el rediseño de la estructura interna para permitir
edición no destructiva (efectos de capa), mayor profundidad de bits y proyecciones en distintos espacios de color.
De todas formas, estas 5 limitaciones actuales de GIMP hacen que el común de los diseñadores tengan la percepción de que “no está listo”, sin importar que el resto de la aplicación esté muy parejo en cuanto a funciones con Photoshop.
Si analizamos un poco más de cerca dichas limitaciones, veremos que la primera es claramente una cuestión de costumbre. Los usuarios de Mac no suelen preocuparse demasiado por una interfaz de ventanas flotantes, pero los de windows están acostumbrados a ver un fondo gris por detrás de todas las ventanas, y sacárselo hace que el programa mágicamente se convierta en algo inusable.
La segunda es una limitación real. Las capas de ajustes y los grupos de capas son herramientas que verdaderamente aceleran y hacen más cómodo el trabajo. Pero de ningún modo la ausencia de esta función impide el trabajo.
Las restantes (CMYK, Color de 16 bits, paletas Pantone) son cuestiones puramente técnicas. Según lo que escuchamos y leemos por ahí, parecen ser cuestiones ineludibles y seria imposible trabajar en diseño sin esas características.
Pero es realmente así?
Tener como referencia a un programa con prestaciones de alto grado como lo es Photoshop, nos lleva a pensar que la forma de trabajar que sugiere y las configuraciones técnicas que trae por defecto son las adecuadas para lograr la mayor calidad.
Esto no solo no es cierto, sino que también resulta contraproducente utilizar un flujo de trabajo pensado para una salida de alto grado en contexto como el nuestro, más limitado.



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